Prevención

El término prevención hace referencia a todo el conjunto de acciones que se llevan a cabo con la finalidad de disminuir la incidencia de una determinada patología o bien la mortalidad a causa de la misma.

Hay que diferenciar, por tanto, entre ambos escenarios, existiendo dos tipos de prevenciones:

  • Prevención primaria o etiológica: comprende todo el conjunto de actuaciones destinadas a modificar los hábitos poco saludables de la población hacia otros más adecuados. Es decir, se trata de la actuación sobre los factores causales o de riesgo, que persigue una reducción de la incidencia de los casos de cáncer.

Los casos de cáncer hereditario –con verdadera predisposición genética– son mínimos; alrededor de un 75-80% de los cánceres pueden atribuirse a factores exógenos (modificables). Por tanto, la prevención primaria del cáncer es prioritaria, al disminuir en gran medida su riesgo de desarrollo.

Las actuaciones en este ámbito se dirigen, por tanto, a aumentar el conocimiento de la población sobre aquellos hábitos que constituyen un factor de riesgo. A través de campañas y programas de educación se conciencia sobre el riesgo que supone mantener ciertos hábitos poco saludables.

No obstante, los resultados de estas campañas solo son visibles en el largo plazo, dado que el periodo de latencia de la mayoría de los cánceres es muy prolongado. Por ello, es fundamental la prevención secundaria.

  • Prevención secundaria o diagnóstico precoz: comprende todo el conjunto de acciones dirigidas a detectar precozmente determinados tumores malignos. El objetivo de la prevención secundaria es disminuir la mortalidad a causa de una patología, detectando la enfermedad anticipadamente mediante el cribado de la población que corre el riesgo de contraerla (población de riesgo).

Por tanto, dentro de este ámbito, se llevan a cabo los denominados programas de screening o cribado, que se desarrollan teniendo en cuenta las siguientes características:

  • El tumor debe poder diagnosticarse de manera adecuada en las fases premalignas o más precoces.
  • En dichas fases tempranas, debe existir un tratamiento eficaz.
  • Es preciso determinar qué población sana tiene más riesgo de desarrollar dicho cáncer.
  • Debe existir una prueba que lo detecte de forma sencilla: cómoda, segura, con alta sensibilidad y especificidad, fácilmente reproducible y aceptada por la población.

Ejemplos claros de prevención secundaria, en los que existen programas a seguir por parte de los individuos sanos en su atención médica, son:

  • La prevención del cáncer de mama a través de revisiones ginecológicas y estudios mamarios con mamografías o pruebas de imagen en mujeres.
  • La prevención del cáncer de cérvix mediante revisiones ginecológicas y citologías en mujeres en edad fértil.
  • La prevención del cáncer de próstata indicando la necesidad de revisiones urológicas en hombres por encima de los 40 años.
  • La prevención del cáncer de colon mediante la vigilancia del ritmo intestinal, la realización de test de sangre oculta en heces y colonoscopias.
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