Una vez diagnosticada la enfermedad, las opciones de tratamiento a valorar incluyen:

- CIRUGÍA

- RADIOTERAPIA

- TRATAMIENTO SISTÉMICO.

La cirugía y la radioterapia tienen un papel principal de tratamiento de la enfermedad local. Aunque si bien es cierto que en las diferentes etapas y estadios de la enfermedad se pueden plantear tratamientos quirúrgicos e irradiaciones con carácter paliativo, para alivio sintomático ante determinados cuadros.

El tratamiento sistémico como su nombre indica, se refiere a aquel tratamiento que actúa de manera sistémica, es decir que se distribuye por todos los tejidos del organismo. Son tratamientos sistémicos:

  • Hormonoterapia – terapia hormonal.
  • Inmunoterapia.
  • Targeted therapies – tratamientos diseñados contra dianas moleculares específicas.
  • Quimioterapia.

Etimológicamente el término quimioterapia se define como el tratamiento de las enfermedades con productos químicos. Aunque habitualmente se reserva la palabra quimioterapia para el tratamiento específico de las enfermedades neoplásicas. A los fármacos empleados en este tipo de tratamiento se les denomina fármacos antineoplásicos o quimioterápicos o citostáticos. Y tienen la capacidad de destruir las células tumorales, con el fin de lograr la reducción de la enfermedad. No obstante la quimioterapia tiene escasa especificidad celular, y también actúan sobre células sanas del organismo, de ahí sus efectos secundarios. En general, la quimioterapia actúa en la fase de división de la célula tumoral impidiendo su multiplicación, y destruyéndola. Con el fin de ir consiguiendo disminución o desaparición del tumor maligno.

La quimioterapia no se empleó inicialmente con fines médicos, sino como arma militar, como es el caso del gas mostaza en la Primera Guerra Mundial. Tras varios años usándolo, se observó que los niveles de glóbulos blancos eran más bajos en los militares que estuvieron expuestos a este tipo de sustancia, de lo que se dedujo que quizás dicho producto podría tener capacidad para matar células. La mostaza nitrogenada fue el primer fármaco en mostrar regresiones tumorales en pacientes con linfoma de Hodgkin, y el primer quimioterápico aprobado por la Agencia reguladora de medicamentos de Estados Unidos (Food and Drug Administration [FDA]) para uso humano. Por otra parte, las observaciones del efecto del ácido fólico sobre la leucemia linfoblástica infantil dieron lugar al desarrollo de los fármacos antifolatos.

La palabra quimioterapia se la debemos a Erlich. Y otro nombre histórico en el tratamiento quimioterápico es el de Skipper, quien hace ya varias décadas enunció los fundamentos básicos de la acción de la quimioterapia.

En las últimas décadas los desarrollos científicos y tecnológicos han posibilitado un avance en el conocimiento del cáncer, y con ello un avance espectacular en el desarrollo de las terapias. Tratando de conseguir cada vez unos fármacos más específicos y dirigidos, con menores efectos secundarios.

Existen a día de hoy multitud de agentes citostáticos, y que se pueden emplear solos o en combinación. La elección del tratamiento es compleja, debe ser realizada por el médico especialista en Oncología Médica, y depende varios factores a considerar: del tipo de tumor, de su localización, del estadio, del estado general de paciente, de los tratamientos administrados previamente, etc. La intención del tratamiento puede ser curativa o paliativa.

La quimioterapia se administra en forma de “ciclos”. Es decir alternando periodos de tratamiento con descansos, proporcionando así un equilibrio exacto entre la repoblación celular tumoral, y la capacidad de las células sanas del organismo de recuperarse entre ciclo y ciclo, y tolerar así dichos tratamientos. Dependiendo del tipo de quimioterapia puede administrarse por dos vías diferentes: vía intravenosa, y vía oral.