La palabra cáncer es un término muy amplio que abarca cientos de enfermedades distintas. Pudiendo considerarse cada una enfermedades independientes, con sus causas, su pronóstico, su evolución, y sus tratamientos específicos. No obstante, existe el denominador común de todo cáncer que es la capacidad adquirida por las células tumorales de multiplicarse sin control y diseminarse por todo el organismo.

Por tanto, el cáncer se origina cuando las células normales se transforman en cancerígenas, es decir, adquieren dicha capacidad replicativa e invasiva. Este proceso se conoce como CARCINOGÉNESIS [Hanahan D, Weinberg RA. Hallmarks of cancer: the next generation Cell. 2011 Mar 4;144(5):646-74.].

El cáncer es una enfermedad que sucede como resultado de un daño en el DNA (genético) o/y en los mecanismos de regulación del mismo (daño epigenético) y que resulta en una proliferación celular incontrolada. Las células son las unidades básicas del organismo, que se agrupan para formar sucesivamente tejidos, órganos y aparatos. Las células crecen y se dividen a través del proceso conocido como ciclo celular.

El DNA (o ADN, Ácido Desoxirribo Nucleico) es el libro de instrucciones que posee cada célula y que la dirige para programar sus funciones, para su crecimiento, división, producción de las proteínas… El DNA es una estructura a modo de cadena formada por cuatro elementos más sencillos, los nucleótidos o bases (Adenina, Citosina, Guanina y Timina), que se unen entre sí de forma específica (A con T, C con G). Se forman así dos hebras complementarias que se engarzan en una estructura helicoidal (la doble hélice de DNA). El ADN se condensa en el núcleo de cada célula formando parte de una estructura mayor, los cromosomas. Poseemos 46 cromosomas. Las regiones de los cromosomas que gobiernan la producción individual de una proteína se denominan genes.

La carcinogénesis es un proceso largo y puede dividirse en varios pasos fundamentales. El primer paso en la carcinogénesis es el evento denominado “iniciación”, en el cual ocurre un cambio genético que hace que la célula sea potencialmente maligna. Una única mutación no es suficiente para que surja el cáncer pero sí es el inicio del proceso, estas células comienzan a dividirse a una mayor velocidad, y transmiten la mutación a todas sus células descendientes.

En un segundo paso crítico, la “promoción”, se sufren otros cambios genéticos irreversibles adicionales que liberan a la célula de los controles de crecimiento normales. Entonces, las células “iniciadas y promocionadas” sufren nuevas mutaciones. Cada vez se hacen más anómalas en su crecimiento y comportamiento. Y adquieren la capacidad de invasión, tanto a nivel local infiltrando los tejidos de alrededor, como a distancia, originando las metástasis. Es la “fase de progresión”.

El proceso de carcinogénesis es por tanto largo y puede tardar años en llevarse a término, dado que para que se produzca es necesario que se produzcan varias alteraciones celulares y de forma acumulativa. Aunque puede ocurrir que alguno de los genes dañados sean heredados de los padres (mutaciones génicas heredadas). En estos casos, se trata de individuos con mayor riesgo, donde el cáncer se desarrolle más precozmente, pues bastaría un menor número de mutaciones adquiridas en vida. Aunque no obstante también hay casos que se salen de estos conceptos generales, y cuya agresividad tumoral y capacidad de diseminación no está correlacionada con el tiempo ni con el tamaño tumoral, y desarrollan metástasis desde el inicio tratándose de tumores muy pequeños.